lunes, 12 de enero de 2009

Pessoa (2)

Para zanjar, por ahora, lo del platonismo de Pessoa. El platonismo imposible, el epicureísmo expresionista...

Bastante metafísica hay en no pensar nada.
¿Qué pienso yo del mundo?
¡Yo qué sé lo que pienso del mundo!
Me pondría a pensarlo si enfermara.
¿Qué idea tengo de las cosas?
¿Qué opinión es la mía sobre causas y efectos?
¿Qué he meditado sobre Dios y el alma y sobre la creación del mundo?
No sé. Pensarlo es para mi cerrar los ojos y no pensar.
Es correr las cortinas de mi ventana (que no tiene cortinas).
¿El misterio de las cosas? ¡Qué sé yo qué es misterio!
El único misterio es que haya quien piense en el misterio.
Quien está al sol y cierra los ojos
al principio no sabe qué es el sol
y piensa muchas cosas llenas de calor.
Mas abre los ojos y ve el sol
y no puede ya pensar en nada,
porque la luz del sol vale más que los pensamientos
de todos los filósofos y de todos los poetas.
Y la luz del sol no sabe lo que hace
y por eso no yerra y es común y es buena.
¿Metafísica? ¿Qué metafísica tienen esos árboles?
La de ser verdes, la de tener copa y ramas,
Y la de dar fruto a su hora, y eso no nos hace pensar
que no sabemos darnos cuenta de ellos.
¿Habrá mejor metafísica que la suya
de no saber qué viven
ni saber que no lo saben?
Constitución íntima de las cosas...
Sentido íntimo del universo...
Todo eso es falso, todo eso no quiere decir nada.
Increíble, que se puedan pensar cosas así.
Es como pensar en razones y fines
cuando empieza a rayar la mañana y allá por la arboleda
un vago oro lustroso va perdiendo oscuridad.

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