martes, 27 de abril de 2010

Poema

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Porque todas las cosas, en algún momento y de alguna manera, son lo mismo, y todas las palabras se suceden intercambiables e ilógicas -quizá se trata de una lógica de antes del hombre, inalcanzable- es posible, inagotable e inútil la poesía.
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Ante el misterio,
ante la estolidez del enigma,
ante la única incógnita,
que es la más simple e inmensa,
tan simple como lo más simple,
y tan compleja como lo más simple,
ante el incalculable misterio
y la perplejidad irrefutable ,
ante Dios,
ante el mundo,
ante el Ser
(y el ser del ser y del tiempo,
de las sombras y la muerte)
ante el espejo,
ante todos los altares
y todos los hombres...
Ante la vida, ante la nada,
todas las palabras son insuficientes,
y es excesivo un más acá y un más allá de las palabras.
Toda la sabiduría es poca y es mezquina,
y todo el Silencio es mezquino y es insuficiente,
y toda la sabiduría y todos los silencios son excesivos.
Y todas las acciones,
todos los deseos,
todas las éticas y caminos,
pobres y desmesurados.
Y todo el arte,
y todos las almas,
y todos los besos y todo el sexo,
también el tuyo,
insuficientes y exagerados.
Y la sed y el agua del samaritano,
y la verdad y la nada del Buda,
y los primitivos ritos del agua,
y el fuego de Zeus,
y la sangre del Cristo
(que es un cordero y es un león)
insuficientes y excesivos.
Y la verdad de Heráclito,
de agua y fuego,
y la de Parménides
(como la tierra, compacta y terca)
insuficientes y excesivas.
Mísera y titánica la búsqueda,
las palabras,
porque son palabras y las palabras y las cosas
existen como no existiendo y siendo las mismas
unas de otras a cada instante,
las palabras son siempre innecesarias
e inevitables, insuficientes y excesivas...
Y sólo nosotros no queremos reconocerlo.
Y no hay menos verdad en una lápida
o en la puerta de un sucio servicio de carretera
que en Nietzsche, la Biblia o Kant.
Pero tampoco más.
Y Dios, o el Hombre o la Nada,
que no están en ninguna parte,
están en el sexo de Muller,
en el de Wilde o en el de Kavafis
no menos que en el de los ángeles,
los héroes y los demás moribundos.
Y todo esto es Dios,
y todo esto es el Hombre,
y es la Nada y es el Ser,
palabras, siempre excesivas e insuficientes,
que se expanden y se confunden
y que jamás arañan el misterio, el enigma.
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