lunes, 30 de noviembre de 2009

Poema

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Ya no serán el sexo y Dios
las metáforas de mi vida
imposible, sino mis dos hijos
inacabados y de inombrable final.
Ya no seré el centro de mi vacío
universo ptolemáico
sino una discreta nebulosa
en los límites de la realidad.
Estaré vencido y lejos del tiempo,
a la sombra de Schopenhauer
y maldiciendo a Nietzsche.
Serán poemas como de un diario,
y pienso que sería una obscenidad
publicarlos... tampoco quiero
que esas criaturas los lean jamás.
Necesito que el maldito Dios
exista y se me prente y me bese
y me contagie toda la paz de la nada,
los siglos y los muertos. Pero Dios no existe,
no puede existir... y sólo hay
las almas rotas que no saben vivir.
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