martes, 20 de octubre de 2009

Martes 20

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La insoportabilidad de la tierra y el propio alma son el mejor argumento para no abandonarlos ni desear más nada. Qué otra prueba de la soledad cósmica que su insoportable soledad. Es un exceso o una tara imperdonables desear otro mundo, otro yo.
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La diferencia entre el lobo y la hiena es que el lobo desconoce que caza cadáveres. La hiena celebra su irónico triunfo con una risotada... parecida a la que Dios hubiese dado de haber sido hombre.
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Sí, sí, vida, Vida: un continuo frenesí creador y destructor. Más allá del bien y del mal, cualquiera que éstos sean. Pero, ¿dónde el cansancio? ¿Para qué el esfuerzo de multiplicar tu ser sin ningún calor que lo arrope? ¿Para qué el odio, el desprecio creativo, la lucha prometéica, cuando hace ya años que la guerra terminó?
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No hay Cielos ni infiernos, y la tierra y tú nada sois. ¿Qué sentido tendría buscar un sentido a tal inapelable Sinsentido? No puedo amar ni tampoco odiar al mundo. Acaso logre alguna vez olvidarme de mí.
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No sucumbir en la propia enfermedad. Ateo para no creer, poeta para no pensar. Ultramontano ante la bellaquería y la conformidad, siempre agazapadas en la propia alma.
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