miércoles, 26 de mayo de 2010

Poema

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Es agradable madrugar.
El benigno silencio
y el frecor despiertan
alguna ilusión.
Pasajera y veraz.
Sobre el café
escuchando a los paisanos,
a los sabios y a los necios,
que a ninguno respondo,
una emborronada servilleta
y la leve resignación
de encarar el nuevo día,
siempre el mismo.
Desconozco el destino de estas líneas.
Después, a plena luz y ejerciendo
de animal humano,
las pasaré a limpio y las leerás,
o simplemente se perderán...
Es agradable madrugar,
como una difícil justificación,
pero sé que no despertar
es preferible.
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