lunes, 27 de julio de 2009

Poema

El desamor más que el odio es el más duro de los reproches que nos arrojan y arrojamos. Dónde lo valioso, dónde la dulce rendición y el descanso.
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Me preguntaste,
tú tan piadosa,
qué sentirían los dioses
cuando no hubiera hombres
ni recuerdo de ellos.
Se sentirán aliviados,
te dije entre unas risas
que tú compartiste.
No sé por qué hoy me viene
la respuesta entre las copas
rotas del ensueño
y los vacíos etílicos del miedo.
Sin hombres, suplicantes
o aguerridos, los dioses
entenderán la realidad de ser hombre.
Ya lo dijo Vallejo, ya lo imprecó
al dios de las hecatombes y la miseria,
que Dios no sabe ser hombre porque
no sabe llorar ni sabe estar solo.
No sé si les quedarán fuerzas a los dioses en soledad
para seguir viviendo, a pesar de su infinito poder.
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