viernes, 31 de julio de 2009

Poema

En mi balcón vive el diablo,
dice la vieja de negro, a la antigua,
ante su café con leche y su servilleta
con un buen puñadito de cápsulas
multicolores dispuestas.
Para la tensión, la ciática y más
dolencias de la edad.
Antes sí que refrescaba a la noche
cuando abrías el balcón y las ventanas.
Qué malos son los años; la vista
y el azúcar, las piernas y el no dormir.
Ya no tengo mis macetas, que daban frescor,
porque no puedo cuidarlas. Geranios
y helechos, para los balcones y el patio.
No puedo hacerme cargo, no quedan fuerzas.
Mi hija se ha ido de vacaciones.
Tú conoces a mi yerno, y asintie
el camareo. No tengo ganas de nada.
De que se vaya el calor y no llegue el frío.
A Portugal se han ido, con los niños.
¿Para qué tan lejos? ¿Qué hay allí?
Se levanta y se marcha, su bastón por delante,
asegurando que antes hacía menos calor
y que antes ella era más joven.
El diablo, que no deja pasar el aire
y te roba los años.

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