sábado, 3 de mayo de 2008

Spengler

Un romántico que huye de su propia nostalgia. Muy poco convincentemente. Contra el naturalismo mecanicista y contra las filosofías lineales de la historia. Contra el provincianismo occidental que se cree modelo de la (inexistente) Historia Universal. Goethe es su mentor; la Naturaleza viva que se manifiesta en su eterno juego del nacimiento, el esplendor, la agonía y la muerte. La causalidad, el sino, que es íntima al propio ser.

Las más de cien páginas de la introducción a 'La decadencia de Occidente' tienen párrafos realmente bellos. Trágicos aunque no tristes. Toda Cultura surge y es en la vitalidad creadora, pero termina inevitablemente convertida en Civilización hueca y vaciada de sus propias raíces. El nihilismo, la inercia sin trascendencia posible, sin posibilidad de nuevos rumbos. Buscar modelos en la Antigüedad es infantil y patético.

Lo valioso que haya producido Occidente lo heredarán las nuevas culturas -los nuevos bárbaros como cuando Roma- por surgir.

Posdata. Se empeña Spengler en que su referente es Goethe y no Nietzsche. No dudo que esa es su voluntad, pero el optimismo goethiano no se recupera con sólo citarlo, o con apelar ciega y contradictoriamente a la Ciencia frente a las tristes poesías y metafísicas del romanticismo tardío. A pesar de su critica el patetismo nietzscheano es innegable la sombra de Nietzsche en Spengler.

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