miércoles, 31 de diciembre de 2008

31 de diciembre

Si mañana es Año Nuevo, hoy es Año Viejo. ¿A quién se le ocurrió tan falaz distinción? ¿No quedamos en que los ritos de paso y de renovación son desesperados y vanos intentos de huida? Leyendo a Dostoievski, para quien siempre es víspera de entierro, hoy no es más que el día en que leeré unas páginas, tomaré unos cafés, me dolerá la cabeza, y no me dejarán dormirme hasta después de las uvas. Si al menos fuesen copitas de anís... A lo que iba, que es a felicitar el Año Nuevo; ¡feliz año nuevo, hijos de Eva! ¡Que el azar y la ciega causalidad no nos golpeen excesivamente en los próximos meses!

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