jueves, 14 de mayo de 2009

Libros

Amén de las consabidas, dos nuevas lecturas en marcha: ''El único y su propiedad' de Max Stirner, traducción de Subirat (Lábor, 1974); "Después de Nietzsche" de Giogio Colli (Anagrama, 2000).

El Koestler es aterrador, por la sanguinaria frialdad -extraordinariamente lenta, en la kafkiana realidad y en el escrito de Kostler- del justo/injusto proceso contra Rubakov. La lógica del Partido, para quien la muerte y la mentira son sólo instrumento eficaces, y las personas sólo piezas del gran eslabón Teo-histórico del estato-humanismo totalitario. Las preguntas de la víctima son las del lector; dónde la humanidad, la compasión, la honestidad.

Indirectamente, aumenta mi desprecio hacia la izquierda militante de los 40 (y los dosmiles) por crucificar a cuanto progresista denunciara la situación soviética real. Me acuerdo de Orwell y de Bretón (insufrible en otros sentidos).

De Stirner. El primer capítulo es un resumen de los siguientes. La liberación biológica del individuo humano que es descubrimiento de los espiritual, lucha contra ello y posterior autorreconocimiento por fuente espiritual (no en sentido metafísico o ingenuo) de lo espiritual. La Humanidad, Dios, la propia Conciencia, la Conciencia ideal y el egoísmo maduro como fases de la libertad. Un sano materialismo no mecánico ni muerto; una voluntad e inteligencia (lo espiritual) al servicio de la propia autosuperación, del mhombre superior que escribe Stirner antes que Nietzsche. El libro es muy nietzscheano; ¡pero es del 44! El Espíritu es la Voluntad creadora; el egoísmo superior, la Muerte de Dios; la falsa aunque honesta humildad de nuestra alma; la confusión inveterada de lo real y lo aparente, etc. El espíritu (la voluntad y la inteligencia con todas sus construcciones) al servicio de la vida individual, que es biologicoespiritual.

También muy nietzscheano el modo como Stirner explica la errónea y perjudicial hipostatización de las esencias (de los Ídolos):

"Yo Me he colocado detrás de las cosas y he descubierto mi Espíritu; igualmente, más tarde Me encuentro destrás de mis pensamientos y me siento su creador y su poseedor. En la edad del Espíritu, mis pensamientos proyectaban sombras sobre Mi cerebro, como el árbol sobre el suelo que le nutre; giraban en Mi entorno como ensueños de calenturiento, y me turbaban con su espantoso poder. Los pensamientos mismos habían adquirido corporeidad y se lalamaban Dios, el Emperador, el Papa, la Patria, etcétera. Hoy destruyo su corporeidad, entro en posesión de mis pensamientos, loos hyago Míos y digo: sólo yo poseo un cuerpo. No veo ya en el mundo más que lo que él es para Mí, es Mío, es mi propiedad."

"La obsesión por hacer palpable el fantasma".

Antes de haber descubierto que tú eres superior a ti mismo, atribuyes esta superioridad a ciertos conceptos (fantasmas) que imaginas reales y divinos y a los cuales falsamente te subordinas o humillas. Hasta que eres capaz de ver en ellos, no las Ideas de Platón o el Dios de los cristianos o los racionalistas, como tampoco el noumeno kantiano o la ingenua e Infinita esencia humana de Feurbach, sino el signo de tu indefinición credora.

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