lunes, 4 de mayo de 2009

Lunes 4

Qué sería la conciencia sin palabras. Todas prestadas. Los contenidos del alma, hasta los más recónditos, anónimos. Naúfragos del lenguaje en el recipiente inextenso de la conciencia. El silencio, el puro silencio irreflexivo, de ser posible, sería nada. ¿De que valdría desprenderse de las palabras, o simplemente situarlas en un segundo plano? No somos consecuentes, no. Arrojar lejos el pensamiento y sus deseos... no hay escapatoria y no deseamos escapar. Romper con todo, con los propios pensamientos, con los hábitos, con los amigos y la familia, con uno mismo (convertirte en un distante personaje del pasado para ti mismo), acabar con todo definitivamente, hasta con la vida.
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Fantásticos, cada uno a su modo, 'Diario de un jubilado' (¿costumbrismo ácido?) y 'El corazón de las tinieblas'; Kurtz y Marlow ante la verdad de la especie... no; la especie retorcida y sucia. Me recuerdan a Rimbaud, al traficante de armas y negros, que renunció al alma occidenteal para no encontrar ninguna.
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Hemos llegado a un punto en el que sólo cabe confiar en el azar. ¿Qué otra cosa nos queda? me pregunto aterrado ante tan descomunal bancarrota.

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