jueves, 21 de mayo de 2009

Poema

La noticia apareció en la prensa internacional,
en sus más renombrados (aunque ilegibles) periódicos.
El zeitun, el post, le monde, la sera y otros varios.
El semanal a color del tain le dedicó un especial.
Un loro, un ara glaucogularis, ha desaparecido.
Tal vez secuestrado, o quizá algo peor.
El loro, el individuo más emblemático de familiar trío,
ha desaparecido sin dejar rastro, dejando a sus
dos amigos en las más casta desolación.
La última vez se le vio arramblado dentro
de una bolsa de zapatos al fondo de un desvencijado
armario con olor a formol y colonia barata.
Quizá murió de asfixia, quién sabe si de claustrofobia.
Me inclino sin convicción por la hipótesis del latrocinio;
alguna débil pista apunta en esa dirección. Los tabloides
argentinos dicen haberlo descubierto, tieso como el mástil
de una bandera, en un oscuro y asexuado despacho
ministerial. No publican foto alguna, y no sé qué opinar.
Hurto, fuga, secuestro, muerte natural... no sé, pero
lo indiscutible es que el loro ya se encontraba en un lamentable
estado de abandono y desprecio... que igual determinaron
los hechos. Sus dos desesperados amigos, que prefieren
el anonimato, aseguran estar preparando su liberación
(nocturna y con pasamontañas) y ya han estudiado
los planos del despacho ministerial en cuestión así como
los emplumados pasos del supuesto secuestrador.
De no encontrase el loro en esas dependencias, no obstante,
han prometido los valedores del pájaro multicolor
celebrale no menos de 100 misas solemnes por su alma.
Su amigo Pinocho, que es el nombre de la plumífero,
no merece menos, dicen ofderrecor.

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