domingo, 17 de mayo de 2009

Poema

Me empeño en engañarme,
como casi todos -reconozco
cierta vergüenza por tan vulgar
mecanismo, y la lectura de Freud
y Adler en nada me han valido-;
como muchos, me miento a mí
mismo sobre mi esencia defectuosa.
La vida, la muerte -que nunca son
abstractas-, la finitud y el tiempo
abrasivo; los sentimientos
que certifican el dolor... un inacabable
repertorio ligüístico-filosófico
de acartonado manual para ocultar
la cruda realidad de un organismo
(una unidad biológica difusa)
debilitado por los años y los malos
hábitos. Un corazón de quijote cuerdo
que no confunde el amor
y el sexo, ambos inalcanzables,
ni se empeña más allá de lo que
ya perdió por su propia ineptitud.

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