sábado, 13 de junio de 2009

Sábado 13 (3)

En las relaciones, en los libros, en soledad, se presentan a quien sabe captarlos momentos, sentimientos, ideas, recuerdos, etcétera, de muy diversos y extraordinarios tipos. Una tipología muy especial es la de lo cóncavo y lo convexo. Ambos deformantes cuando se trata de un espejo -¿y qué no lo es?- pero de muy diferente sustancia si se les considera en sí mismos o como simples hipótesis metafísicas. Lo convexo es lo acogedor, y lo cóncavo es lo que repele, lo incapaz de recibir o guardar. Lo convexo es de naturaleza fértil. La esterilidad es cóncava. Yo soy del tipo cóncavo, subespecie 'interesadamente convexo a veces', y tú convexo, del subgrupo 'inteligente', esto es, cóncavo cuando se tercia e incluso a tu pesar. El Universo es cóncavo, Dios y la verdad no existen -ni cóncavos ni convexos-, y la ilusión, ese anestesiante tan necesario para mentirnos placenteramente, es convexa. No obstante, recuerden, descendemos del Erectus, el primer mono que manipuló cínicamente sus capacidades cóncavo-convexas.
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La moral, los férreos principios (más bien finales) que garantizan no desmerecer el Paraíso, es evidentemente cóncava, aunque por su perversa finalidad se muestre y sea enseñada como convexa, como la Suprema y Amorosa Convexidad; ergo, Dios. ¡Pero no somos Dios!, ergo... debemos confundir lo cóncavo y lo convexo en bien de la Infinita Convexidad, de suyo, piénsenlo, la pura concavidad. El miedo es siempre cóncavo, pero se disfraza de convexo por precaución; o por exceso de miedo. El miedo controlado es convexo. El pánico, cóncavo. Pueden elegir.
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El amor, ya saben, un abuso de la biología, es siempre cóncavo, de ahí su necesidad de buscar lo convexo, que no es más que lo cóncavo amoroso en estado pasivo, aunque en absoluto inerte. El mejor ejemplo; un beso (o más de uno, pero con uno es suficiente para nuestra exposición); un beso, paragigma feliz de la falsa distinción entre lo convexo y lo cóncavo, no es más que la prueba indiscutible de nuestra irrefutable concavidad. La concavidad autocomplaciente, también llamada convexidad.
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En un Universo mudo, cóncavo quise decir, la convexidad no existe, y sus breves apariciones han de explicarse en términos de miedo, pánico y autocomplaciencia cerebrales. El cerebro, evidentemente, es plano.

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