jueves, 5 de febrero de 2009

Lluvia

Hoy han hablado de la lluvia y los acuíferos.
Eran antes de las 6 de la mañana
pero la conversación estaba animada.
De las nieves en la de Gádor,
y del Andarax que ya parece un río.
De los perdiceros, que salen muy de noche
a la caza, hoy con el monte muy mojado
y muy peligroso. Casi tanto peligro
como en las Minas, abandonadas y hermosas,
pero más traicioneras que nunca.
De las fuentes, secas desde hace años,
que vuelven a la vida
porque la naturaleza es sabia
y los políticos -sic- no saben.
Hay que aprovechar esta agua.
Los almendros, ya lo veremos,
florecerán con fuerza.
Los invernaderos, sin embargo,
están en su punto de pudrición
y hay que orearlos y calentarlos
para que no se pique el fruto.
Habrá que sulfatar más,
que tanta agua llama las plagas
y es mentira que el sulfato sea malo
y que sabe Dios qué comemos
pero que no nos morimos
o nos morimos igual.
Hablaban como viejos sabios,
como cuando sí que llovía
y los inviernos eran de nieve y lumbre,
muy animados los paisanos,
pensando en lo que decían
o en otras cosas que no se pueden
decir con palabras y que tienen que ver
con la finitud y la muerte, con cierta
verdad eterna, la no verdad inapelable
y siempre presente aunque no lo sepamos,
que nos hace hablar con ilusión y vehemencia
y esquivamente de todo y de nada.

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