martes, 11 de marzo de 2008

Sin importancia, al respecto del Orden Aristotélico

Una interpretación actualizada de la historia no sólo es necesaria sino inevitable. Es la única forma de hacer productivo nuestro conocimiento de la antigüedad y de los clásicos. Convertir la pregunta por el Ser (qué son en verdad las cosas, frase ésta evidentemente vacía) por la pregunta por el 'orden' que subyace y posibilita la existencia -previa e independientemente de los existentes y sus modos-, es legítimo y fértil. Pero es solamente, no ha de olvidarse, la pregunta, una de las interrogaciones, que nosotros podemos hacernos sobre la metafísica platónico-aristotélica. A Platón, Aristóteles (también a Hesiodo o Anaximandro) los convertimos en interlocutores imprescindibles, los hacemos hablar con su lenguaje el nuestro. Eso está bien. Más aún; hacer de la pregunta por el orden [a priori] que posibilita lo ordenado [para la conciencia] una indagación sobre la lógica, o más bien metalógica abierta y enriquecible, del SER-PENSABLE-DECIBLE, por supuesto sin caer en huecos esencialismos o logicismos de escuela, es también lícito y hasta apasionante; ¡con qué nueva y clarísima luz se nos presentan los grandes pensadores del pasado, tanta que hasta los entendemos y los hacemos partícipes de muchas de nuestras preocupaciones intelectuales! Quiero decir que la Idea platónica, es también, pero no exclusivamente, metaidea de la conciencia o a priori del alma. Sólo desde la filosofía de la conciencia son legibles los griegos y los medievales. Una lectura 'objetiva' de ellos es atomizadora e ilegible. Un exahustivo análisis de las condiciones de todo tipo que a los textos acompañan es siempre interesante, pero no debemos olvidar que éste proceder sólo es valioso cuando es significativo para quien quiera una comprensión de dichos textos, cuando contribuye a una visión de conjunto. Es la síntesis lo que guía el análisis, y es también, enriquecida y rectificada, su meta.

Pero lo mismo podemos pensar de la misma filosofía del Pensar que Descartes inaugura; sólo desde un modesto y vaporoso solipsismo es pensable el pensamiento. ¡El a priori de tantos a priori posibles! Pero este es ya otro tema.

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